martes, 10 de noviembre de 2009

El superyo, el subyo y el yo

Durante mucho tiempo me hubiese gustado ser otra persona. En realidad, para expresarlo de una manera más clara, en muchos momentos diferentes habría querido ser otro. Parece lo mismo, pero no lo es. Digamos que no estuve 3 años y medio seguidos odiándome e imaginándome otro, sino que, con frecuencia esporádica pero repetida, luego de etapas de mayor aceptación, sobrevenían arranques de personaje de ficción.

La mayor parte de las veces me imaginé arriba de un escenario de rock, principalmente como baterista, por cuestiones de gusto personal y de algunos años de darle a los parches durante mis tardes veinteañeras en villa crespo. En etapas de mayor arrojo escénico, fui frontman arengando a la multitud, y llegué a tener mis momentos bajoperfil de bajista y percusionista.

A ver… No es que imaginaba que era john bonham, enrique bunbury, diego arnedo o tito puente… El protagonista era yo, pero en esos roles. O sea que, afinando un poco el argumento, no era tanto que quisiera ser otra persona, sino más bien ser yo en otro espacio, lugar y tiempo… Algo así como el fede de la gente… mi superyo [una especie de yo].

Hasta aquí vamos bien. Pensándolo un poco, resulta casi entretenido. La fantasía de ser alguien reconocido no implica mayores complicaciones. El problema sobreviene cuando el inconformismo abandona esta forma, en cierto modo, inocente de expresarse, y opta por otras un poco más hirientes.

Por eso, la aparición del subyo merece un poco más de atención y cuidado, sobre todo, porque no suele sustentarse en fantasías inofensivas sin correlato emocional (digamos que difícilmente alguien pueda caer en un estado de depresión profunda por querer ser arjona pero haber nacido en burzaco y no en guatemala, y decir 40 años en lugar de cuatro décadas). Cuando nos enfrentamos a nuestro yo, ya estamos hablando de sensaciones reales de frustración con consecuencias variadas, mayormente nocivas, sobre el estado de ánimo.

Esto no quita que los argumentos que sustentan al subyo, generalmente relacionados con una sensación de inutilidad, fracaso e incapacidad personal (la famosa “sensación de inseguridad”), sean también fantasiosos o con poco asidero real, pero por cuestiones químicas de funcionamiento del cerebro, siempre nos termina resultando más fácil sentirnos frustrados que estrellas de rock.

Y entre esa potenciación fantasiosa y ese enanismo emocional, mi yo aún sigue apostando all-in al inconformismo, con la esperanza de encontrar una tercera posición. Ser una estrella de rock frustrada o un frustrado con escenario no debe estar tan mal…

Ya lo dijo silvio, “para pretender el mundo es largo, para conformarse se ha inventado el jamás”...

3 comentarios:

  1. Y por otro lado, por alguna ironía humana -que tiene sus raíces en esa hermandad entre super yo y sub yo- tanto algunas estrellas de rock como el mismísimo Arjona (y Sabina parece un buen exponente) lograron ser super cantandole a sus frustraciones. Eso, como espectadores, nos hace doblemente inconformistas o frustrados?

    ResponderEliminar
  2. mmmmmm... buena pregunta... para cantarle a las frustraciones, calculo que habrá que acumular una buena cantidad de ellas, por lo menos, lo mínimo para hacer un disco... creo que prefiero el anonimato a un catálogo de frustraciones con aires de reconocimiento... y al margen, prefiero las frustraciones de sabina que las de arjona, jejeje...

    ResponderEliminar
  3. Obvio!!!! Sabina toda la vida!

    ResponderEliminar