domingo, 29 de noviembre de 2009

“¿En qué estás pensando?”

Debe haber pocas preguntas más odiosas que ésta. Creo que compite cabeza a cabeza -y les termina ganando por varios cuerpos- a inquisiciones tales como “¿me querés?” o “¿te pasa algo?”. Estamos hablando, claro, de preguntas realizadas en contexto de pareja y que no tienen más objetivo que poner a la capacidad de improvisación de respuestas contra la espada y la pared.

Claramente, son de esas preguntas que vienen acompañadas de una selección de respuestas estándar, que no son más que las que quien hace la pregunta desea escuchar. Parafraseando una canción de héroes del silencio -o quizás un poema de mario benedetti que aún no leí (la otra vez descubrí que muchos versos del uruguayo aparecen textuales en canciones de los españoles)-, serían algo así como “preguntas con semillas de respuesta”.

A qué voy con esto… Aquella persona que pregunta “¿en qué estás pensando?”, realmente no espera escuchar más que el clásico e infalible “no… en nada”, o a lo sumo derivaciones como “no, no sé, en nada en particular”, o “me parece que no cerré con llave en casa”, u otras respuestas de vaguedad asombrosa. La pregunta lo único que busca es una respuesta por default que reafirme que todo está en su lugar, que el mundo sigue siendo igual de previsible como lo era cinco minutos antes.

Imaginemos la situación como si fuese una toma de rehenes. Afuera, el grupo halcón, swat, los antimotines, la federal, la metropolitana y una persona, megáfono en mano, vociferando “¿en qué estás pensando?”. Adentro, alguien que mantiene a un pensamiento de rehén. Para garantizar su propia integridad personal, no quiere dejarlo salir hasta que estén todas las garantías de que no habrá represalias. Sabe que, si deja ir a ese pensamiento, así como así, en el mismo momento en que éste traspase el umbral hacia la libertad, será su fin. Tiene que hacer algo. Entonces, se disfraza, maquilla a su pensamiento-rehén, confunde a quienes lo esperan afuera y logra escabullirse. Ha salido airoso de esta toma de rehenes, pero sabe que le esperan muchas más.

Porque las tomas de pensamientos-rehenes son un flagelo que seguirá creciendo hasta que aparezca un temerario, un valiente sin miedo a las consecuencias, que no negocie ni tenga pruritos en disparar respuestas como “qué te importa” o “si quisiera que sepas en qué estoy pensando, te lo diría”… Aún no nació tal persona, ni creo que lo haga nunca… Es un mito, una leyenda, como el mesías, el anticristo o nino bravo.

2 comentarios:

  1. Posible respuesta de género a la presente situación: http://www.youtube.com/watch?v=XhTzdhsfWz4
    Slaudos!

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  2. es nino bravo en el video "la puerta del amor"

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