Advertencia al lector: la siguiente historia se inscribe en la categoría anécdota escatológica. Si es una persona fácilmente impresionable, proclive a sentir asco ante la simple mención de palabras como cagar y sus derivados, le recomiendo no continuar leyendo. Caso contrario, que la disfrute, si es posible aplicar un verbo semejante a una historia como la que narraré a continuación.