miércoles, 16 de junio de 2010

El arte de interactuar con personas sonámbulas

El sonámbulo es una de las personas más impredecibles que puedan existir. Una aureola de misterio, temor y respeto lo rodea. No sabemos si está realmente dormido, si está realmente despierto, si está realmente… Tampoco sabemos si temerle, ignorarlo o convivir con él como si nada raro ocurriese. Lo cierto es que enfrentar a una persona sonámbula (en adelante, PS) requiere mucha más preparación, temple y creatividad de lo que comúnmente se cree.

Para que no queden dudas, cuando nos referimos a una PS, estamos hablando de aquella persona que, estando en el quinto sueño, ingresa en un estado de actividad superior al de cualquier “dormido” del tipo estándar, que se limita a actos básicos como roncar, babear almohadas y demás variantes que atentan contra el sex appeal. Para la existencia del sonámbulo es fundamental, en primer lugar, la presencia de un estado fuertemente somnoliento como telón de fondo (caso contrario, estaríamos más cerca de hablar de un zombie, para el cual el único remedio a su situación es el escopetazo en la cabeza), pero sobre ese telón de fondo, deben suceder toda una serie de actividades que otorgan a la PS ese plus tan distintivo.

Respecto a cómo relacionarse con una PS, el manual popular menciona dos apartados que merecen ser discutidos:
  1.  El sonámbulo nunca debe ser despertado.
    • La PS que es despertada en medio de su estado de sonambulismo, tiene grandes posibilidades de pasar a dormir el sueño eterno.
  2. El sonámbulo no tiene sentimientos.
    • El sonámbulo no está realmente dormido sino que se divierte haciéndonos pasar un mal momento; ergo, el sonámbulo es malo.
Vayamos por partes. Si el sonámbulo es, por definición, una persona dormida, no existe razón por la cual esa persona -como cualquier otro mortal dormido-, pueda morir en caso de ser despertada. A no ser que se la intente despertar con algún elemento punzante, arma de fuego o susto de tal envergadura que acabaría con la vida no sólo de un sonámbulo, sino de cualquier persona dormida –o incluso despierta- sometida a semejante trato (apartado 1 aclarado).

Por otro lado, una de las grandes falacias de la teoría del “sonambulismo maligno” es la idea de que el sonámbulo no es alguien con un trastorno particular, sino una mala persona, un bromista frustrado al que no le quedó otra opción que molestar haciéndose el dormido. La existencia del bromista de mal gusto no puede ser negada en un mundo con tan poco sentido del humor, pero no es el caso del sonámbulo. Lejos de ser un insoportable que no tiene otra cosa qué hacer que molestarnos, es una persona sin malas intenciones que necesita de toda nuestra comprensión y ayuda. Ergo, el sonámbulo es una buena persona, que tiene sentimientos.

Aclarados estos temas, pasamos al punto fundamental: cómo interactuar con una PS, atendiendo al hecho de que a) es una persona con sentimientos y b) no corre el riesgo de fallecer en caso de ser despertada accidentalmente.

La mejor forma de mantener una relación con el sonámbulo en términos de respeto y comprensión es una sola: seguirle la corriente. Contradecir a la PS en medio de una disquisición puede resultar no sólo contraproducente sino también un tanto insoportable, ya que, al igual que el cliente, el sonámbulo siempre tiene la razón. Y no es que la tenga siempre; de hecho, casi nunca la tiene, ya que todas sus vivencias son en base a lo que vulgarmente conocemos como sueños, plagados de incoherencias e inconsistencias varias. Pero en este punto no importa la coherencia ni la consistencia, sino acompañar a la PS en su batalla contra la racionalidad del despierto.

Veamos un par de ejemplos. Una frase sonambulesca del tipo ‘está apareciendo una soga desde la mesa de luz’, no debe ser respondida con un coherente ‘no hay ninguna soga’ (previo vistazo de la mesa de luz) sino con un comprensivo ‘ah, mirá vos qué bueno, a la mañana lo charlamos, dormí’. Asimismo, frente a un ‘esperá que prendo la luz para que agarres tus cositas’, no se debe responder un ‘¿qué cositas?’ (indudablemente la respuesta más adecuada ante el desconocimiento absoluto sobre a qué se refiere el sujeto “cositas”) sino un ingenioso ‘no, dejá, no hace falta, las busco con la luz apagada’, que automáticamente aporta a la PS un grado de tranquilidad tal que puede continuar con su sueño en formato normal.

Estadísticamente, está comprobado que este tipo de respuestas sólidas permiten evitar conflictos posteriores, no de por sí muy graves, pero que podrían generar algún problema potencial totalmente innecesario. Además, son el tipo de respuestas que espera un sonámbulo, por lo que no nos cuesta nada satisfacer el deseo de alguien que no tiene la menor idea de lo que está pasando realmente.

Es fácil razonar, entonces, que quién trate con el sonámbulo no debe ser alguien al cual siempre le gusta tener la razón. No hay posibilidad de salir indemne de la coyuntura si no se es alguien abierto al debate y a las opiniones encontradas.

Por otro lado, tratar con una PS requiere de un temple superior, ya que existe la altísima posibilidad de ser despertado por risas, monólogos, sobresaltos e, incluso, reconocimiento táctil en medio de la noche. Es muy claro: si la persona que interactúa con el sonámbulo es fácilmente “asustable”, es posible que sea esta persona -y no el sonámbulo- quien muera al ser despertada abruptamente.

Por último, pero no por eso menos importante, es fundamental que la interacción sea básicamente platónica -una simple charla casual entre dos personas que debaten sobre presencias de sogas, existencias personales, cierre adecuado de puertas y ventanas, entre otros interesantísimos tópicos-, reduciendo al mínimo un contacto físico que pueda llegar a impedir la circulación libre e irrestricta de la PS por su hábitat sonambulesco natural.

Con estos simples consejos, espero haber aportado a la lucha contra el flagelo del sonambulismo. Si bien seguramente no resulten suficientes para acabar con el mismo, sí creo que ayudarán a que el mundo sea un lugar menos hostil y más placentero para aquellas personas que han hecho de la vida entre sueños, una forma de vida.

3 comentarios:

  1. mmmmmhmhhhh...

    "el texto que no se dice..." jajaja era así? cómo era?

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  2. a mi tambien me pasa eso soy sonambula maligna, me hago la dormida y por mi culpa echan la culpa a la gente que esta a mi alrededor pues piensan que han sido ellos que han hecho las cosas .

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  3. ¿no pensaste en presentar tu CV a Barcelona?

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