Tengo una camiseta de fútbol que está buenísima... Es de un equipo mexicano, los pumas de la unam. La camiseta es hermosa, azul oscura con la cara de un puma en dorado, comprada directamente en méxico df... Hay un solo problema: creo que es mufa.
¿Cuál es el porqué de semejante acusación? Es la única camiseta con la que tuve percances físicos de "gravedad" en una cancha de fútbol. Fueron con esa camiseta, no con otra... Algo tiene, no me jodan.
El primer inconveniente fue hace aproximadamente un año y medio. Una patada desleal, de atrás y en el aire, condujo a una torcedura de proporciones importantes... Resultado: esguince de tobillo, bota y muletas por tres semanas. Creo que nunca transpiré tanto en mi vida... No me refiero al miedo del momento, sino al esfuerzo físico que uno tiene que realizar durante esas semanas para llevar a cabo exitosamente hasta la más pedorra de las tareas. Para subir una escalera transpiraba más que el chino iwao que cocina sushi en el canal gourmet y que siempre parece estar a punto de desfallecer.
Una vez recuperado y retornado a la práctica del fútbol 5, creo haber jurado (o algo así) no volver a usar esa camiseta. Pensándolo un poco mejor, me pareció demasiado echarle la culpa de la torpeza propia o la violencia ajena a un simple pedazo de tela.
Fue así que, no sin cierto resquemor, volví a calzarme la casaca. Recuerdo haber ido con un cierto miedo a los primeros cruces pero, con el correr de los minutos, todo parecía marchar bien y la confianza mutua entre la camiseta y yo parecía restituida. No había rencores sino ganas de desplegar magia en una cancha.. Tomá mate.
Todo funcionó bien durante más de un año, hasta el martes pasado a la noche. Confiado en que ya no había nada que temer, volví a vestir al glorioso puma dorado en el pecho. Aún mejor, el partido era favorable al equipo que integraba y, a decir verdad, después de tanto tiempo, ya no sentía peligro alguno hacia mi integridad física. Una lástima, la verdad... porque nunca hay que olvidar que el peligro está siempre latente, aún en los partidos más pedorros, faltando 10 minutos y con el resultado cerrado.
Así fue el fatídico minuto 50 de aquel partido. Una pelota cualquiera boyando, dos personas disputándola y un tercer pancho -maiself- quien no tiene mejor idea que seguir poniendo energías en pelotas divididas innecesarias. Lo poco que recuerdo del momento es a mí saltando hacia la pelota y, en el momento que estaba en el aire, con pelota cuasidominada, una patada que me desestabiliza en el aire y, cual bolsa de papa pero llena de acero de contrabando, irme de boca al cemento, literalmente, lo de la boca y lo del cemento.
Si hay algo que caracteriza a esas caídas, en un 99% de los casos, es que no te dan tiempo de poner las manos. El tren de aterrizaje, en este caso, fueron mis dientes, más precisamente, las dos paletas superiores frontales. Una vez más, estaba en esos momentos del tipo no-puedo-creer-que-esto-esté-pasando. No sólo sentí el golpe, sino a mi lengua pasando por el vacío que dejó la fractura de los dientes. Creo que el shock del momento eliminó todo tipo de dolor. No recuerdo haber sentido nada, ni en ese momento, ni en las horas siguientes, más que un terrible vacío dental.
La vuelta a casa fue un martirio... No podía creer que me había ido de ahí con ansias de goles y volvía con ansias de dientes. Encima, por rotura de un caño en la calle, no había agua, por lo que, entre la ventana frontal en la dentadura y la imposibilidad de sacarme la mugre post-partido, me sentía un vagabundo.
Creo que hasta el mediodía del otro día, que tenía turno en el dentista, no hablé, ni me reí y evité en lo posible mirarme al espejo, más que para convencerme que no era para tanto. Me resultaba increíble cómo la falta de 4 centímetros cuadrados de diente te cambian la cara totalmente... Lo que antes era una sonrisa, ahora era una mueca. Para peor, mi calentura y mi raudo abandono de la cancha me hicieron olvidar los pedazos de dientes allí (que luego recuperé por el tino de los jugadores restantes que hicieron una búsqueda minuciosa en el azul cemento de la cancha).
[A continuación una nota sentimental al margen (si no se conmueve con nada, pase al siguiente párrafo): lo único que hizo mejor el momento, que me tranquilizó y me sacó de la vorágine mental negativa en la que estaba inmerso fue el apoyo incondicional de mi compañera, que no se despegó de mi lado en ningún momento y me hizo sentir que me podían faltar los dientes, pero nunca me iban a faltar sus abrazos].
Dormí como el orto, obviamente, pero la mañana fue mejor, no sé si por el sol; porque recuperé los pedazos de dientes y, como mínimo, me los pegaba yo con el fastix que usamos para sellar el baño; porque pude sacarme un poco la mugre con agua capturada de una canilla salvadora, o por todo eso a la vez.
El camino hacia el dentista fue de gran incertidumbre por el futuro de mi boca. Contar con los pedazos de dientes en mi poder fue fundamental para una reconstrucción casi perfecta de las paletas, aunque meramente "estética" (que era lo que más me importaba en ese momento). En palabras del dentista, "con esos dientes no muerdas ni lo blando". No sé si por negocio o por realidad, pero la solución parece ser perno, corona y un fangote de guita.
Y así estamos ahora, con un protector bucal que debo usar el mayor tiempo posible, un nuevo hábito de masticación puramente molar y un cuidado extremo -que roza casi lo insoportable- para no usar las paletas en ningún caso.
Hoy en el laburo había merengadas. Mi nueva coyuntura dental me llevó a pensar que ese delicioso centro de merengue pegajoso podía llegar a ser, para mis dientes, un enemigo aún peor que el piso de cemento. Así es el fútbol... Pasás de la gloria a dejar de comer merengadas por un tiempo. Y hay jugadores que se llenan la boca diciendo que dejan el corazón el cancha... A ver cuántos se animan a dejar los dientes.
Lograste que me cague de risa de tus desgracias.. :P
ResponderEliminarExcelente finaaaal!
estuviste bien poner entre paréntesis la "nota sentimental", igual da muy pollerudo.
ResponderEliminarYo creo que es el momento de conseguir la otra camiseta gloriosa de los Pumas: la blanca con el puma dorado. Es cuestión de campeonatos, ¿vio?
ResponderEliminarHola me harías un grandísimo favor si me dijeras que camisa es ya que a mi novio se le quemo hace un par de años y me encantaría poder reponérsela en nuestro aniversario pero no se que edición es o como buscarla, gracias.
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