Desde que existe el celular, por lo menos masivamente, la psiquis de las personas, tanto de las que usan el teléfono como de aquellas que escuchan las conversaciones ajenas, ha cambiado radicalmente. No baso esta afirmación en conocimientos sobre psicología que claramente no tengo, sino en la mera observancia.
Mi experiencia personal con celulares no tiene más de 4 años de antigüedad y se dio a través de un aparato que hasta hace poco tiempo se apagaba cada vez que entraba un mensaje o una llamada, y que tuve que cambiar más por presiones ajenas de personas que para comunicarse conmigo tenían que intentarlo de 3 a 4 veces, que por deseo propio. Lo uso más como reloj y despertador que como medio de comunicación y realmente poco me importa si salió un nuevo blackberry que se tira pedos de colores. Pero claro, ese es mi caso personal (nótese el ingenioso juego de palabras con nombres de compañías telefónicas).
Me da la sensación que, como tantas otras cosas, el problema nace en el momento en que el avance tecnológico permite que una tarea que solía ser realizada puertas adentro –o a lo sumo en un locutorio o un teléfono público- haya ganado abiertamente la calle y expuesto al gran público nuestras formas privadas de gesticular, hablar y mentir, por ejemplo con un no, no voy, no me siento bien, cuando gozamos de nuestra mejor salud en años.
Cuando las reacciones privadas se hacen públicas -masivamente públicas-, algo se rompe definitivamente. A nadie se le ocurriría salir a la calle sosteniendo una tele encendida delante de su cara para mostrarle al mundo sus actitudes mientras ve a tinelli, chiche gelblung o zulma lobato. Entonces, ¿qué necesidad hay de saber que el tipo que está al lado nuestro en el subte le acaba de cagar guita a un amigo o que aquella morocha, que creíamos –y deseábamos- tan soltera, está por casarse? Hay que decirlo, se acabó el misterio personal momentáneo. Ya ni siquiera queda resquicio para fantasear, desde catedral a scalabrini, que esa morocha es el amor de nuestras vidas… En 9 de julio el hechizo ya está roto por un me voy a vivir con mi novio y un no sabés lo ansiosa y feliz que estoy. Desde el momento que la gente habla por celular en el subte –o en la calle, o en el bondi o en donde sea- como si hablara en pelotas en su casa, nos dimos cuenta que la felicidad es tan instantánea como el tiempo que pasa hasta que una morocha grita a los cuatro vientos, para que todos los fantasiosos subterráneos la escuchen bien, que está a punto de irse a convivir con su media mandarina.
La telefonía celular es fría, malvada, hiriente y rompecorazones. Y eso no te lo avisa ningún afiche de calle. Alguien puede tener un celular con millones de minutos libres, llamadas ilimitadas, ducha de agua caliente y bidet, sin que la empresa telefónica haya incluido un puto asterisco en algún lado que diga *la transmisión de noticias de tinte personal a través de este aparato puede generar reacciones adversas en las personas circundantes; se recomienda su uso en condiciones de soledad o volumen sonoro estridente tal que impida la audición por parte de terceros…
Y también hay que decirlo, aquellos que constantemente están renovando el celular son mala gente… Buscan lastimarnos con lo último en tecnología, no escatiman en gastos para hacernos sentir dolor a 3 megas, mientras desde el aparato ingresan a facebook para hacerse fan de hablar fuerte en el subte para lastimar a personas hipersensibles y fantasiosas.
Los odio, los odio profundamente… Sepanlón…
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* El desafío lo planteó rojas… Publiquemos en simultáneo, tiró así como si nada. Escribamos sobre el uso del celular, siguió apurando… Yo le retruqué: y después escribamos sobre la pregunta ‘en qué estás pensando’ y sus implicancias… El vale cuatro fue compartido. Así surge la primera de estas humildes publicaciones simultáneas, en los dedos de un par de personas que, hace ya un tiempo o muy recientemente, le han encontrado el gustito a esto de escribir.
Así que no hay excusa.. Apaguen un ratito el celular y léanse Como el aire que respiro...
Groso Vazqueeeez, muy buena su mirada, coincido ampliamente y confieso un poquito de envidia (sana eeeeh) por no habérseme ocurrido, jejeje
ResponderEliminarah! me olvidé: muy bueno eso de "fan de hablar fuerte en el subte para lastimar a personas hipersensibles y fantasiosas"
ResponderEliminar... y ya no existe el contacto visual, todos embobados con la pantallita, se perdió eso de "no sabes la mina que me levanté en el bondi", sí ni te miran las muy guachas hipertecnologizadas
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